Publicidad:
La Coctelera

-ESTE MACHO ES MI MULA-

-compendio ilustrado de aventuras, dislates y digresiones-


Categoría: PERSONAJES

28 Enero 2009

APOLOGÍA DE UN AMIGO INPERFECTO

Lo conocí en enero de 1976, parecía ser algo retraído, tímido y un tanto despistado. Su forma retórica de hablar (poco común en un jovenzuelo de 16 años) y su peculiar apariencia: anteojos de cristales gruesos bajo los que se asomaban un par de vivaces y pequeños ojos oscuros, cabellera ligeramente alborotada y una barba cerrada cuyos afeitados troncos daban a su rostro esa característica sombra azulada, hacían el conjunto perfecto para darle ese aire de intelectual y filósofo que le hizo merecer el mote de “Memus”. Parece que hicimos buenas migas desde el primer día al integrarnos a la misma pandilla de inadaptados en el colegio. Las cosas que él y yo vivimos, sufrimos y gozamos en aquellos años, incluidos algunos amores prohibidos y cierto accidente con el automóvil de la directora, jamás podrán (ni deberán), por pudor, por vergüenza o por falta de memoria, ser contadas a cabalidad.

Después de graduarnos la vida nos separó; nada supimos el uno del otro por algunos años. Nos reencontramos por mera casualidad, ambos casados y luciendo cada quien las evidencias del tiempo transcurrido; a partir de ese día nuestra amistad personal y la de nuestras respectivas familias, crecieron de una manera que jamás imaginé.

Las lenguas viperinas dicen que tiene mal genio, algunos de los que están bajo sus órdenes lo catalogan como “insufrible”, y hay quien dice que es cosa común verlo fuera de quicio. ¿Qué sé yo? ¿Habrá quién escape de tales descripciones?... Yo ciertamente no. Sin embargo, en Antonio he visto siempre a una persona noble, sencilla y extremadamente servicial; jamás le he observado un mal gesto, tampoco lo he escuchado dirigiéndome una sola expresión áspera.

Como amigo y como médico de cabecera de toda la familia, siempre ha estado presente en mis momentos difíciles; llegue a llorar en su hombro una noche en que sentí a la misma muerte reclamando mi vida; lo vi pasar su cumpleaños al lado de mi padre, tratando de evitar su dolorosa partida. En él siempre he encontrado respuestas honestas, sabios consejos, palabras de aliento, una grata compañía y una mirada sincera.

No compartimos muchos gustos, aficiones o adicciones (aparte de la glotonería, los buenos vinos, algunas tristezas y el buen café) tampoco compartimos sangre ni apellidos, pero, en realidad, el Dr. Edmundo Antonio Mazariegos García, dejó de ser mi amigo hace ya mucho tiempo, para convertirse en el único y verdadero hermano que tengo; una excepcional persona de la que siempre he recibido mucho más de lo que, yo, alguna vez, le haya podido dar.

El Dr, Mazariegos junto a nuestra mutua amiga Nancy; al fondo, un par de individuos peligrosos, buscados por la INTERPOL: "El Chino" (con camisa blanca) y "El 100 Pies" (de perfil).

servido por Gustavo 7 comentarios compártelo

26 Enero 2009

ROSTRO INERTE

Era tarde y manejaba el todo terreno por la ruta al Pacífico sin poder concentrarme. La carretera nunca había sido una buena consejera, y aquella noche la monotonía de su línea blanca me condujo directamente hacia los más absurdos soliloquios: ¿Éramos acaso un par de enemigos acérrimos pretendiendo inventar una nueva forma de amor? No. no llegábamos a tanta cosa; sólo éramos la intersección de un estúpido obsesionado por una mujer perversa, y una mujer perversa que jugaba con la obsesión de un estúpido.

Me detuve en mitad del largo trayecto; un jeep había caído de un pequeño puente; se encontraba volcado sobre un riachuelo que serpenteaba en la amarilla vastedad de un cañaveral que esperaba la zafra. El conductor -un hombre joven-, había quedado atrapado con medio cuerpo fuera del vehículo, se encontraba boca arriba, sumergido en apenas unos centímetros de agua. Mientras la gente ingeniaba poleas y palancas, yo lo observaba: los ojos abiertos, la mirada vacía, con el gesto resignado de quién ha luchado con todas su fuerzas... Y no ha podido.

De pronto lo vi todo muy claramente: su rostro inerte había dejado de serme ajeno. Yo era aquel hombre que yacía, muerto, vencido, ahogado en un diminuto río.

 

Photobucket

servido por Gustavo 14 comentarios compártelo

25 Agosto 2008

MI RANCHO EN REFUGIO TX

El sol, convertido en un círculo rojo, está a punto de tocar el horizonte que, en esta latitud, parece prolongarse infinitamente. A mi derecha, sobre un montículo de grava, descansan los durmientes de la vía férrea, paralelos a la solitaria carretera, trazando una línea recta que se pierde hasta donde la vista alcanza. Mientras conduzco -acompañado únicamente por mi viejo maletín de mano y por un intenso deseo de volver a casa-, la noche se va insinuando, y las primeras estrellas brillan tenuemente en ese firmamento, ahora convertido en un personaje de dos caras: una que se va pintando de un azul profundo hasta convertirse en negro, y otra que arde con el ocaso, flameada por un naranja intenso.

Las primeras señales de presencia urbana aparecen: calles casi desiertas, rótulos dando la bienvenida, un motel de tercera clase, un par de restaurantes ofreciendo “fajitas” y "bbq", y un enorme depósito de agua en el que, desde cualquier parte del pueblo, puede leerse "REFUGIO TEXAS" escrito con grandes letras. Doblo en la esquina de una gasolinera que quedó atrapada en los años cincuenta; avanzo dos bloques y luego giro a la izquierda, en la calle de la arboleda. Allí está la casa, a mi derecha; grande, mal pintada y de madera; la hierba en franca rebeldía, y el tejado llorando la ausencia de algunas piezas perdidas. El Porche me enseña, orgulloso, un par de sillas nuevas. Sobre el barandal hay macetas con flores de todos colores recibiéndome alegres. A mis pies, en el pórtico de entrada, me saluda un viejo tapete con sus letras desteñidas, y en el batiente de la puerta -como si me esperara desde hace tiempo- una inquieta campanilla anuncia, a los Madrigal, mi repentina llegada.

Entro por el umbral y la escena de mi última visita se repite: el olor de la merienda –de la que siempre habrá, para mí, un plato-, el reguero de juguetes que han dejado los “chamacos” y las fotografías de “la raza” inundando la estancia. Marta me recibe con un beso, y Bob, sentado frente a la enorme tele en su “la-z-boy”, alza la voz para decirme: “¡Bienvenido a tu humilde rancho, compadre!”, y luego, de manera más discreta, le pide a Marta un par de Budweiser bien heladas, una para él y otra para el recién llegado.

A Bob lo vi por primera vez en el año 87, cuando reparó mi automóvil, en uno de mis viajes a ese estado... Nos hicimos amigos al ritmo del “Tex Mex”, cuando fuimos a comprar las piezas de repuesto a Bownsville, en su enorme Oldsmobile -que tenía asientos de terciopelo color púrpura y adornos por todos lados- Bob Madrigal es un tipo rustico, mejicano hasta el hueso, que no pierde oportunidad para burlarse de mi acento chapín, -siendo, el de él, verdaderamente horrendo-, pero desde que lo conocí, no podría atravesar Refugio sin pasar por su casa, pues eso, más que una ofensa, sería un verdadero sacrilegio.

servido por Gustavo 10 comentarios compártelo

6 Agosto 2008

MI AMADA ROSA

Luego de varias semanas de ausencia, en las que cada quién se ocupo de lo suyo, Axel y yo retornamos juntos a la ciudad. Al filo del medio día Doña Rosa esperaba en su vieja casona, y al vernos entrar por su puerta, la anciana se prendió de mi primo, lloriqueando y dando gracias al cielo por haberlo traído con bien. Luego lo llenó de besos, se colgó de su brazo, y pasando por alto mi presencia, lo llevó hacia adentro. En la cabecera de la mesa, Doña Rosa había aderezado todo un festín para él... incluso envió a comprar su refresco favorito, mientras que, para mí, sólo había un plato con la comida del día y un vaso de agua que ni siquiera estaba fría. Después del almuerzo nos despedimos de ella. Para Axel hubo toda clase de bendiciones...Yo apenas recibí un desteñido “hasta luego”. Me sentí tan despreciado ese día, que juré no volver a la que siempre había sido mi segunda casa.

Por mucho tiempo dejé pasar cumpleaños, días de la madre y navidades, ignorando los mensajes que Doña Rosa me enviaba suplicando que pasara, aunque fuera un ratito, a verla. Un día -víspera de año nuevo-, invadido por un sentimiento extraño me dirigí a la mejor tienda de importados, llené una enorme canasta con las golosinas que a ella más le gustaban: dulces, chocolates y turrones, varias cajas de bombones y una botella de la mejor champaña, y fui a buscarla. Me detuve por un instante frente a su puerta y, antes de llamar, recordé las veces que mi primo, -Capitán de infantería- resultó gravemente herido en encuentros armados con la guerrilla. También recordé lo atento y amoroso que siempre fue con Doña Rosa, y los muchos obsequios que le hacía... Y hasta ese momento en que entendí mi falta de méritos, también caí en la cuenta de que ella, cada vez que miraba a Axel vestido de uniforme, seguramente suspiraba recordando al abuelo que había sido Coronel de infantería.

Qué avergonzado me sentí al ver que, en mi ausencia, su cabeza se había puesto totalmente blanca, y qué difícil fue apretar el alma para no dejar escapar esas lágrimas que hoy, mientras veo su foto y recuero su último año nuevo, me confieso incapaz de contener.

Para mi amada Rosa, muchachita mimada, gran señora y mujer hermosa.

Mi abuela, Rosa María Aguilar Huertas, junto a su nuera (mi madre)

servido por Gustavo 2 comentarios compártelo

28 Junio 2008

RESUMEN DE UN HOMBRE VIEJO

Mi abuelo vivía en un rancho pequeño. Al fondo del mismo, el silo metálico donde guardaba maíz, rozaba el vientre del techo; a la par, una pequeña tarima sobre el suelo, servía de bodega a mil y una cosas -palas, sacos, fumigadoras, recipientes plásticos, cubetas y machetes-. En la parte central, a la derecha, frente al silo, se erguía su cama sobre cuatro alzas de madera que la elevaban más allá de lo normal, sobre ella caía un mosquitero que le daba un aire tétrico; bajo la cama se escondía un cofre donde el anciano guardaba su ropa y sus cosas valiosas, y a su lado, siguiendo la línea imaginaria del centro, prorrumpía una pequeña mesa de madera oscura, muy antigua, acompañada nada más que por dos sillas -tan maltrechas como ella misma- sobre esa mesa, infaltables, una lata de leche en polvo, un frasco de café instantáneo, con otro idéntico lleno de azúcar, y un par de pocillos viejos.

En la entrada, sobre un tablón que se alzaba a altura de medio cuerpo, estaba anclado un pequeño molino, en su derredor, desordenando la superficie, granos de maíz dispersos por todos lados, y el guacal de morro que don Braulio Peláez, usaba para alimentar a sus gallinas. A un lado estaba la cocina de leña -nada sofisticada-: unos cuantos ladrillos unidos con mortero de cal, una plancha metálica -que alguna vez fue parte de un viejo tractor-, y una pequeña parrilla sobre la que vivía esclavizada, tiznada y desfigurada, una pobre jarilla de peltre.

Desde la mitad del techo, un tapesco y una jícara colgaban alegres; al costado, frente a la hamaca de pita, asomaba una estantería de tablas donde permanecían una escopeta y un radio antiguo conectado al cielo -y al mundo entero- por un hilito de cobre, Lo demás eran libros con lomos de mil colores, en los que estaban atrapados los pensamientos y la creación de cientos de autores... Y esperándolo sobre una mesita, a un lado de la hamaca, su libro preferido (Rimas de Gustavo Adolfo Bécqer), sus gafas de lectura y su tabaco.

No he encontrado mejor forma de resumir a mi abuelo que describir el espacio que consumía, y enumerar las cosas que poseía... Porque también eran su vida.

servido por Gustavo 10 comentarios compártelo


Sobre mí

Avatar de Gustavo

-ESTE MACHO ES MI MULA-

Guatemala, Guatemala
ver perfil »
contacto »

SOLAMENTE UN MAPACHE QUE APRENDIÓ LAS LETRAS



HORA CAPINA (de Guate)


Counter
No. de visitas recibidas





haz click aquí para ir mi blog de opinión SENTIMENTALMENTE INCORRECTO
Photobucket
Creative Commons License

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Fotos

Gustavo Abril Peláez todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera