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La Coctelera

-ESTE MACHO ES MI MULA-

-compendio ilustrado de aventuras, dislates y digresiones-


6 Agosto 2008

MI AMADA ROSA

Luego de varias semanas de ausencia, en las que cada quién se ocupo de lo suyo, Axel y yo retornamos juntos a la ciudad. Al filo del medio día Doña Rosa esperaba en su vieja casona, y al vernos entrar por su puerta, la anciana se prendió de mi primo, lloriqueando y dando gracias al cielo por haberlo traído con bien. Luego lo llenó de besos, se colgó de su brazo, y pasando por alto mi presencia, lo llevó hacia adentro. En la cabecera de la mesa, Doña Rosa había aderezado todo un festín para él... incluso envió a comprar su refresco favorito, mientras que, para mí, sólo había un plato con la comida del día y un vaso de agua que ni siquiera estaba fría. Después del almuerzo nos despedimos de ella. Para Axel hubo toda clase de bendiciones...Yo apenas recibí un desteñido “hasta luego”. Me sentí tan despreciado ese día, que juré no volver a la que siempre había sido mi segunda casa.

Por mucho tiempo dejé pasar cumpleaños, días de la madre y navidades, ignorando los mensajes que Doña Rosa me enviaba suplicando que pasara, aunque fuera un ratito, a verla. Un día -víspera de año nuevo-, invadido por un sentimiento extraño me dirigí a la mejor tienda de importados, llené una enorme canasta con las golosinas que a ella más le gustaban: dulces, chocolates y turrones, varias cajas de bombones y una botella de la mejor champaña, y fui a buscarla. Me detuve por un instante frente a su puerta y, antes de llamar, recordé las veces que mi primo, -Capitán de infantería- resultó gravemente herido en encuentros armados con la guerrilla. También recordé lo atento y amoroso que siempre fue con Doña Rosa, y los muchos obsequios que le hacía... Y hasta ese momento en que entendí mi falta de méritos, también caí en la cuenta de que ella, cada vez que miraba a Axel vestido de uniforme, seguramente suspiraba recordando al abuelo que había sido Coronel de infantería.

Qué avergonzado me sentí al ver que, en mi ausencia, su cabeza se había puesto totalmente blanca, y qué difícil fue apretar el alma para no dejar escapar esas lágrimas que hoy, mientras veo su foto y recuero su último año nuevo, me confieso incapaz de contener.

Para mi amada Rosa, muchachita mimada, gran señora y mujer hermosa.

Mi abuela, Rosa María Aguilar Huertas, junto a su nuera (mi madre)

servido por Gustavo 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

lucia3

lucia3 dijo

Triste, emocionante y muy tierno tu relato. Me ha emocionado. Hay veces que juzgamos o sacamos conclusiones, a veces equivocadas, en base a una actuación que no entendemos porque nos falta la clave, Cuando por fin comprendemos, muchas veces ya es tarde.
Un abrazo.

7 Agosto 2008 | 02:24 PM

Gustavo

Gustavo dijo

Muchas gracias, LUCIA3.

Tu comentario es la conclusión perfecta para este escrito.

ABRAZOS PARA TI TAMBIEN

7 Agosto 2008 | 07:04 PM

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