ROSTRO INERTE
Era tarde y manejaba el todo terreno por la ruta al Pacífico sin poder concentrarme. La carretera nunca había sido una buena consejera, y aquella noche la monotonía de su línea blanca me condujo directamente hacia los más absurdos soliloquios: ¿Éramos acaso un par de enemigos acérrimos pretendiendo inventar una nueva forma de amor? No. no llegábamos a tanta cosa; sólo éramos la intersección de un estúpido obsesionado por una mujer perversa, y una mujer perversa que jugaba con la obsesión de un estúpido.
Me detuve en mitad del largo trayecto; un jeep había caído de un pequeño puente; se encontraba volcado sobre un riachuelo que serpenteaba en la amarilla vastedad de un cañaveral que esperaba la zafra. El conductor -un hombre joven-, había quedado atrapado con medio cuerpo fuera del vehículo, se encontraba boca arriba, sumergido en apenas unos centímetros de agua. Mientras la gente ingeniaba poleas y palancas, yo lo observaba: los ojos abiertos, la mirada vacía, con el gesto resignado de quién ha luchado con todas su fuerzas... Y no ha podido.
De pronto lo vi todo muy claramente: su rostro inerte había dejado de serme ajeno. Yo era aquel hombre que yacía, muerto, vencido, ahogado en un diminuto río.








diasazules dijo
Nos damos cuenta muchas veces
en los otros de como somos, de
lo que nos puede pasar.
Un beso
26 Enero 2009 | 10:12 PM