MILAGRO EN LA 285
Eran casi las doce de una preciosa noche otoñal cuando entré por primera vez a esa ciudad, llevaba dieciocho horas al volante y me sentía extenuado, así que después de dar un pequeño rodeo por el “downtown” regresé a la autopista para buscar un lugar para hospedarme. Al descender por un paso a desnivel de la 285, un “Tercel” rojo me adelantó por la izquierda. Sin percatarse de su presencia, el conductor de un camión “eighteen wheeler” que iba delante de mí, cambió de carril intempestivamente, atrapando con los enormes neumáticos de la rastra al pequeño vehículo
El brillo de las bengalas y de las luces de emergencia matizaba la increíble escena: para asombro de los presentes, Andrés -un puertorriqueño de no más de 35 años- estaba vivo, atrapado entre los despojos de su irreconocible Toyota. Mientras hacíamos hasta lo imposible por ayudarlo, el boricua lloraba y reía a carcajadas..... Daba gritos que solo yo -por ser también hispano- lograba entender: Andrés daba gracias a Dios por haberle concedido la invaluable oportunidad de seguir con vida para volver a ver a sus seres queridos. Minutos después la televisión local transmitía las escenas del dramático rescate, la nota periodística fue titulada “Milagro en la 285”.
A pesar del cansancio, esa noche no pude conciliar el sueño, a mi mente venían las imágenes de mis seres queridos. En un abrir y cerrar de ojos la distancia se hizo inmensa y los impostergables afanes de mi vida dejaron de tener el menor sentido... El “Milagro de la 285” continuaba, ya no en la autopista, sino en la habitación barata de un “Days In Motel”, en la bella ciudad de Atlanta.





Mercedes dijo
Vaya, que horror...! la imprudencia de la gente al volante, pero que suerte tuvo ese chico de encontrarte en su camino. Hoy estamos mañana... no sabemos...
Un abrazo
1 Febrero 2009 | 05:44 AM