APOGEOS DECADENTES
El sol sale y describe -ilusoriamente- una semi-parábola hasta llegar a su cenit, mostrándose tan radiante ante nosotros que, si no supiéramos que es su apogeo lo que da paso a su decadencia lumínica, pensaríamos que nada podría hacer menguar su brillo. Aun los acontecimientos más gratificantes de nuestra vida, las cosas más esperadas y deseadas, cuando ocurren, describen -sentimentalmente hablando-, un modelo matemático que se mueve en una secuencia paraboloide, siguiendo una trayectoria que va de lo neutro a lo positivo, para regresar a lo neutro y caer en los cuadrantes negativos de nuestra percepción.
Esta relación matemática que podría considerarse de aplicación inexorable a todo lo creado, elaborado, sucedido o existente, es semejante, en su secuencia, a los fuegos artificiales: escuchamos su detonación y con gran expectativa los vemos subir al cielo, nos admiramos cuando explotan pletóricos y luego vemos caer sus restos convertidos en pequeñas luces humeantes que lentamente se desvanecen hasta desaparecer, dejándonos su breve resplandor grabado pos unos segundos en las pupilas de nuestros ojos y, a veces, en las de nuestra alma y corazón.
Sin embargo, haber visto el sol brillar en su cenit, haber observado una flor abrirse ante nosotros o haber contemplado el estallido espectacular de un juego pirotécnico que ha hecho desaparecer momentáneamente la oscuridad de la noche, es algo por lo que vale la pena vivir, porque nada ni nadie podrá borrar jamás el maravilloso recuerdo de su esplendor, ni la sensación de que la vida se detuvo para nosotros por el lapso que ese breve momento duró.








sherezadee dijo
Y yo no hago más que añorar y lamentarme del pasado, en vez de agradecer y apreciar cada momento lindo...
Besos enormes, Mapache :)
16 Marzo 2009 | 07:44 AM